
Antes del hábito, la calma
CHARLA GRATUITA
Yo también viví a contramano de mi cuerpo
MI HISTORIA. Mi historia empieza lejos, muy lejos del yoga. Arranqué Abogacía apenas terminé el colegio, como se supone que hay que hacer, y llegué hasta cuarto año tratando de convencerme de que ese era mi camino. Hoy lo miro con amor y pienso que a esa edad uno a veces no está preparado, no tiene todavía la conciencia plena para elegir una carrera para toda la vida. Yo lo sentía en el cuerpo: algo no resonaba con mi vida. Siempre conecté fuerte con los animales y con la naturaleza — ahí me siento en mi lugar, tranquila, siendo yo — y siempre quise estar más cerca de ellos, más ligada a ese mundo.
Y hasta que un día aparecieron los perritos en la historia. Un día, después de buscar a Oli por la peluquería donde la bañaban, me quedé pensando: qué lindo trabajo, estar todo el día con ellos. Empecé a bañarlos yo y me di cuenta de que ahí, entre agua, shampoo y esas miradas, estaba mucho más contenta que cursando la carrera de Derecho.
Y no fue un trabajito así nomás, eh. Dejé todo por abrir mi propia peluquería canina: hice el curso, vendí el auto que tenía para poder comprar todo lo que necesitaba y me metí de lleno, creyendo de verdad en lo que estaba haciendo. Empecé en el garage de mi familia, y en casa todos pensaban que era algo pasajero, que en seis meses me iba a cansar. No fue fácil — para nada — pero acá estamos: hoy ya cumplimos más de diez años.
De a poquito, sin darme cuenta, esos baños se fueron convirtiendo en un emprendimiento, y ese emprendimiento en el hospedaje que hoy es Oli Pet Care. En septiembre cumplimos diez años en Buenos Aires — y sigue funcionando, creciendo, con su gente y sus huéspedes de siempre. Años después, con todo eso ya andando, di otro salto: emigrar para abrir Oli también en Miami, donde hace casi tres años que echó raíces.
Oli, mi perrhija, hoy tiene trece años y fue testigo de cada cambio: de cada mudanza, de cada emprendimiento, de cada versión mía. Y acá viene otra parte de la historia, la que me trajo hasta el yoga, el sistema nervioso y los hábitos.
Mudarme a Estados Unidos fue un cambio enorme. Dejar mi país, mi familia, mis amigas, mi casa, mi rutina — todo lo que me sostenía — y empezar de cero en otro idioma, otra cultura, otra vida. El desarraigo pega fuerte, aunque uno lo elija. Y el cuerpo lo sintió: estrés crónico, cortisol por las nubes, estudios autoinmunes que empezaron a dar positivo, la vista nublada. No era solo cansancio: era mi sistema nervioso pidiendo ayuda a gritos.
Ahí entendí algo que hoy repito siempre: los vínculos también son sistema nervioso. Mi base, mi gente, estaba lejos, y eso se siente en el cuerpo aunque la cabeza diga que está todo bien. El yoga, la meditación y la respiración ya estaban en mi vida, pero no alcanzaban solos: tuve que poner límites, reordenar mi agenda, decir que no, bajar el ritmo. Recién cuando llegó la calma, volví a entrenar de verdad, con ganas y sin pelearme.
«De adentro hacia afuera: primero la paz y el orden, después los hábitos se sostienen solos.» El movimiento me acompañó desde chica: fui campeona nacional de aeróbica en Argentina, jugué vóley en Buenos Aires, fútbol, hice CrossFit, gimnasio — siempre en movimiento — hasta que conecté con el yoga y todo empezó a tener otro sentido.
Pero yo vivía en la autoexigencia: más, más fuerte, más rápido, sin escuchar al cuerpo. Hasta que una fractura de tobillo me dejó cinco meses sin caminar. Cinco meses de quietud obligada. Y en esa quietud, sin poder correr ni entrenar ni hacer mil cosas, empezó mi camino interior de verdad.
«Si de algo no tengo dudas, es que era con más calma.» Me convertí en profesora de yoga — primero aprendí a calmarme yo, y después a enseñarlo — y hoy acompaño a mujeres con movimiento consciente, ciencia del ciclo hormonal y Ayurveda. Además decidí arrancar la Licenciatura en Nutrición, para ayudar con respaldo de la ciencia, siempre desde la calma. Soy autodidacta y me encanta leer.
La autoexigencia no se fue del todo, pero hoy tengo herramientas para no dejar que me maneje. Mi cable a tierra sigue siendo el de siempre: la naturaleza, el verde, el agua, los animales. Hoy sigo en Miami solo por proyectos familiares; mi vuelta a Argentina está próxima. Y quiero trabajar acompañando mujeres, y siempre, siempre, rodeada de perritos.
Credenciales: Personal Trainer — UAI · Prof. de Yoga — Hari Om Internacional · Matro Yoga (embarazadas) · En formación en Yogaterapia · Estudiante de Nutrición — Fundación Barceló.
TU CICLO MANDA — Entrenar y comer según tu fase
¿EN QUÉ FASE ESTOY HOY? — Calculadora de fase
CÓMO TRABAJAMOS — Un enfoque integral, bien simple
EL MUNDO DEL YOGA — Respirar. Habitar el cuerpo. Volver al centro.
